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Mostrando postagens com o rótulo Yaony Sanchez

La agenda de Dilma / Yoany Sánchez

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http://www.desdecuba.com/generaciony/?p=5969 La agenda de Dilma “Prefiero un millón de voces críticas antes que el silencio de las dictaduras.” Dilma Rousseff Elegir el momento para una visita presidencial puede ser una labor sumamente ingrata en este mundo tan impredecible y cambiante. Cuando la fecha de viaje de un jefe de estado queda colocada en su agenda, anunciada y conciliada con los anfitriones, por lo regular la vida se encarga de rodearla de imprevistos. Los palacios de gobierno no logran controlar el azar, ni tampoco prever esos acontecimientos sorpresivos que enrarecen el escenario del arribo de un dignatario. Dilma Rousseff bien que lo sabe. Su presencia en La Habana se coordinó durante semanas y fue precedida incluso por la del canciller Antonio de Aguiar Patriota. Todo parecía atado y bien atado: un cronograma rápido, eficiente, protocolar, enfocado en temas económicos, que terminaría al abordar su avión con destino a Haití. Pero algo se complicó. Varios dí...

Los finales

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Generacion Y Los finales "...Me hubiera gustado ver a Muamar el Gadafi frente a un tribunal, encausado por los crímenes que cometió contra su país. Creo que la muerte violenta de los sátrapas sólo les otorga un halo de martirio que no merecen. Deben quedar vivos para escuchar el testimonio público de sus víctimas, ver a sus países marchar sin el estorbo que ellos representaban y comprobar la veleidad de los oportunistas que un día los apoyaron..." "Por estos días, las órdenes de reforzar los túneles secretos y de ampliar los planes de fuga deben rondar por más de un palacio presidencial. Pero cuidado, los dictadores tienen muchas formas de escapársenos y una de ellas es la muerte. Mejor que sobrevivan, que se queden y así comprobarán que ni la historia ni sus pueblos los absuelven jamás..."

El genio Jobs y mi primer Frankenstein

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Uma dolorida linguagem de admiração em um texto de doçura e encantamento El genio Jobs y mi primer Frankenstein "A partir de ese momento, la evocación de Jobs me acompañó en todos los atrevimientos informáticos a los que la curiosidad y la necesidad me empujaron. Alrededor mío había mucha gente como el inquieto Steve; adolescentes ingeniosos que, carentes de un espacio –aunque fuera un garaje- y de la posibilidad legal de fundar una empresa, tomaron el camino de la emigración y se llevaron lejos de aquí su talento y sus ideas. A pesar de la estampida masiva, entre varios amigos nos mantuvimos aquí alimentando el culto a ese gurú de suéter negro y jeans desteñidos. Añorábamos ser un poco como él: iluminados, avispados, comprendidos. Cuando la mediocridad de la censura tecnológica nos tocaba, nos proyectábamos en aquel niño adoptado que se había convertido en referencia mundial, en sus caprichos de genio y en los audífonos blancos que le tapaban los oídos. Probablemente, él no ...